Todo lo que debes saber sobre "El Sismite"-¿Real o ficción?

Actualizado: 10 mar

Un gigante monstruo que vive en las cuevas de centro america y según relatos rapta y come mujeres y niños para poder reproducirse.

En este post descubriras con mucha investigación cual es o de donde viene el origen del Sisimite


En el proceso de transición de la época prehispánica a la colonial, en el que se fraguó la colonización española y la fusión de las tradiciones culturales de América y Europa, se conformaron una serie de mitos, leyendas y construcción de seres sobrenaturales, el acervo y patrimonio del bestiario que conforma las leyendas y tradiciones en las que creen gran parte de los centroamericanos, y que aglutinan las principales creencias de las mentalidades colectivas de la región:


De ahí surgieron los seres monstruosos que perturban y aterran nuestros sueños nocturnos: ahí tomaron forma monstruos, espectros y bestias como el sisimite, Comizahual, el sipesipe, el come lenguas, el cadejo, la chorca, el duende, la siguanaba y otros legendarios seres que horrorizan y espantan hasta al más “bragado de los hombres”. De esos escalofriantes seres hablaremos en la presente sección.



Quizá uno de los más terribles y alarmantes seres sobrenaturales es el sisimite. La palabra sisimite proviene del náhuatl “tzitzimitl”, que significaría el demonio o habitante del aire”; éste personaje aparece en las leyendas de México conocido como “el peludo” y en Guatemala y Honduras como “sisimite”. En nuestro país además se le da el nombre de “hitacayo” “itacayo”, “litacayo” y “tacayo”.(1)


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En general, los indígenas y campesinos lo describen como un monstruo mítico, mitad hombre y mitad mono, de largo pelaje, gran estatura y de mucha fortaleza, y además lo describen con la característica peculiar de tener los pies o patas al revés; asimismo, habita en cuevas inaccesibles en lo profundo del bosque, pero a veces baja a las cercanías de los poblados en busca de niños para comérselos o de mujeres para robárselas, a quienes secuestra y lleva a las cuevas para violarlas, naciendo de esas uniones niños que son mitad hombre, mitad mono.


Estas bestias, según la tradición oral de los pueblos mesoamericanos, especialmente de los Mayas (donde es probable que haya nacido la leyenda), y luego tomada por otros pueblos como los Aztecas en México y por los Lencas en Honduras, era considerada como una especie mitad hombre y mitad mono, con la característica principal de tener los pies o patas para atrás, además de poseer enormes colmillos y una descomunal fuerza capaz de matar a varios hombres a la vez. A su vez, las tradiciones orales le atribuyen un enorme apetito sexual por las mujeres, especialmente las muchachas púberes o vírgenes, así como particular predilección por robar niños para comérselos.

Arqueologo Eric Thompson

Efectivamente, el arqueólogo Eric Thompson, en su clásico estudio Historia y religión de los Mayas, refiere que los sisimites eran seres sobrenaturales en los cuales creían los Mayas del periodo clásico como entidades o deidades menores, y luego la tradición oral continuó siendo mantenida por los Maya-Chortís de Guatemala y el occidente de Honduras; probablemente de ahí pasó la leyenda a los Lencas, con quienes los Mayas mantuvieron contactos comerciales y culturales.(2)


De hecho, en el caso de los Maya-chortís y de los Lencas que habitan la región occidental de Honduras, también se les denomina como “itacai” o “itacayos”. Según Wisdom, los icatai son espíritus montañeses de los Maya-chortís. Según las leyendas indígenas, son gigantes de figura humana, que viven en una ciudad compuesta de montañas, cada una de ellas hogar de un itacai.(3)



En el caso de México, el mito del sisimite ha sido estudiado por Cecilia Klein(4), quien advierte que dicho ente está ampliamente representado en las culturas mesoamericanas de ese país en pinturas y esculturas creadas por artistas tanto de la época prehispánica como colonial. Klein sugiere que la figura del “tzitzimime” sufrió una transformación con la llegada de los conquistadores españoles durante el proceso de evangelización: efectivamente, los frailes españoles, típicamente los de las Órdenes Mendicantes asociaron al tzitzimime con el diablo y sus sirvientes los demonios y en el proceso lo diabolizaron y masculinizaron.


Ilustración imaginaria del “sisimite” con las patas al revés, obra del artista Claudio Romo Torres.

Mientras en tiempos prehispánicos los tzitzimimes tenían naturaleza femenina, y eran concebidos como deidades creadoras ambivalentes cuyos poderes generativos les hicieron ser considerados como entidades capaces de prevenir y curar enfermedades, pero también de causar daños o hasta la muerte, empero, desde la Conquista los frailes les atribuyeron connotaciones y roles masculinos. Así, el potencial de los tzitzimimes de aterrorizar a la gente durante las épocas de crisis, en especial cuando había catástrofes climáticas como sequías, inundaciones o eclipses, ello provocaba hambrunas, pavores y miedos colectivos; en esos momentos era cuando corrían historias de la aparición del tzitzimimes.


Según Klein, al principio los tzitzimimes aparentemente eran mujeres, y el tzitzimime principal “Citlalinicue” heredaba sus poderes a sus hijas y nietas. Entre dichos descendientes se incluían la diosa “Cihuacóatl”, quien, como la diosa “Citlalinicue”, era la patrona de las mujeres aztecas parturientas y comadronas, y fue estrechamente asociada con las almas de las mujeres que murieron de parto.


En Mesoamérica, al igual que en otras partes del Nuevo Mundo, son ubicuos los relatos acerca de deidades de mujeres con vagina dentada, las llamadas “Cihuateteo”, es decir, las mujeres muertas en el parto, consideradas como seres nocturnos, de carácter siniestro y muy destructivas; probablemente de este tipo de entidades descienden leyendas como “La Llorona” mexicana o la “Siguanaba” centroamericana.


Los mitos hablan de seres primigenios femeninos, muchas veces asociados con la tierra, cuya sexualidad destructiva debía ser controlada. Con frecuencia los héroes remueven los dientes vaginales de estas mujeres monstruosas, utilizando un instrumento duro: un pene de piedra, un cuerno de venado, un objeto de madera dura. Como consecuencia, ellas mueren o quedan abiertas para las relaciones sexuales y la reproducción.(5)


En todo caso, en la época prehispánica en el área mesoamericana caracterizaban a los sisimites en la categoría de estos seres celestiales femeninos, generalmente malévolos, de quienes se creía que en determinadas circunstancias, podrían descender de los inframundos para devorar a los seres humanos. Con frecuencia se les asociaba con las “Cihuateteo”, las mujeres muertas durante el parto, que morían como guerreras en batalla y se transformaban en mujeres águilas, émulas de “Cihuacóatl Quilaztli”.


Una página del Códice Magliabechiano representa a un sisimite de piernas abiertas, con una serpiente cascabel bajo la falda. Este detalle es revelador, pues recuerda las creencias en mujeres con una serpiente en los genitales -a manera de vagina dentada-, como se puede ver en la imagen siguiente:

“Tzitzímit”, representado como una figura esquelética, con una serpiente en la falda y manos y corazones en la cabeza y en el collar. Posee una boca con dientes afilados y con garras en manos y sus patas -muy similar a las representaciones de los vampiros europeos-. (Fuente: Códice Magliabechiano, folio 76 r. Consultado en: Foundation for the Advancement of Mesoamerican Studies (FAMSI):
“Tzitzímit”

Como se puede ver, la representación del sisimite en la época prehispánica era bastante aterradora, casi vampiresca se podría decir. De modo que consideramos que de los seres sobrenaturales más monstruosos que poblaron el universo mesoamericano, el sisimite es sin duda de los más horrendos y espeluznantes.


En el caso de nuestro país, el mito del sisimite ha sido abordado en un interesante estudio por el biólogo Luis Daniel Germer Sánchez y Valeria Cálix, en un trabajo titulado Criptozoología e historia natural: una aproximación al mito del Sisimite.(6)


Según Germer y Cálix, Tzitzitmitl (plural del nahuátl “Tzitzimime”), significa “diablo”, “demonio” y “habitante del aire”. Dentro de la tradición oral de los pueblos de Honduras, el mito del sisimite es conocido además con los nombres de: itacayo, come ceniza, sisimique, sipesipe, chichinite, oso-hombre, oso-sisimite, takaskro, desbarranca cerros, gritón y ulak; quizás existan otros nombre asociados o en algunas regiones del país se asocie el nombre con una variante del mito.


De acuerdo a la descripción aportada por Anne Chapman en sus estudios en la región Lenca menciona que

Anne Chapman

“por todos lados tiene pelo, camina para adelante pero los pies y los dedos para atrás”

y añade que los Lencas lo describen como un ser “panzón, los pies al revés y muy feos” y que además pueden ser rojos.(7)


(8) Constenla Umaña lo define como “un gigante, secuestrador de mujeres”. Otras descripciones de folcloristas hondureños -como don Jesús Aguilar Paz- lo retratan como un ser simiesco enorme y de pelo color negro y que come carne cruda, llegando a ser incluso antropófago(9). También se asocia mucho al sisimite con el robo de mujeres para procrear hijos con ellas, así como del robo de niños para comérselos(10). En el caso de Honduras se habla del sisimite como una variante Mesoamericana de esa tradición oral mundial. Se le describe enorme, a veces pequeño, pero cubierto totalmente de pelo, de color oscuro o rojizo y la particularidad de tener los pies en posición inversa.

 

En relación a su hábitat, Germer y Cálix señalan que el mito hace referencia que el sisimite hace su hogar en cumbres y montañas boscosas aisladas y remotas con presencia de cuevas. De igual manera, el mito hace relación que sus hábitos son nocturnos, alimentándose de ceniza proveniente de quemas agrícolas, fogones de casas abandonadas e incendios.

Las leyendas aluden que se alimenta de carne de animal de monte como

tepescuintles (Cuniculus paca) y quequeos (Tayassu tajacu), pero en ocasiones también de carne humana. De acuerdo al mito, presenta la capacidad de reproducir una descendencia híbrida con mujeres humanas, teniendo por tanto una prole que puede hablar y tener algún comportamiento humano, a quienes se les llama “chichinites”, criaturas que son diestras para trabajar la tierra, si bien con tendencia al homicidio.(11)


Debe destacarse que en este mito, la cueva tiene una función simbólica muy importante, que es la de representar el umbral del mundo indígena conocido. Las condiciones naturales tenebrosas de las grutas (oscuridad, abismos, agua y animales pavorosos como vampiros y otras alimañas) favorecen que la población sienta verdadero terror y pavor contra este ser sobrenatural.(12)


Según Germer y Cálix, este mito está presente en casi todo el mundo; efectivamente, en todas las regiones del planeta hay creencias míticas de criaturas homínidas: destacan por su popularización el yeti también conocido como el abominable hombre de las nieves del Himalaya y el sasquatch o pie grande de Norteamérica.


Existen al mismo tiempo otros homínidos fantásticos diseminados en la tradición oral como ser los almas del sur de Rusia, el kandur y el mapinguarí de la cuenca del Amazonas, el barmanú de las montañas de Pakistán, el orang-pendek de Malasia y sudeste Asiático, el yowie de Australia, el che uinik de la península de Yucatán y el didi de Guyana. Todas comparten la similitud de ser bípedos hirsutos y de mayor tamaño que el hombre.


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Las explicaciones propuestas desde la criptozoología para estas criaturas se asocian a especies extintas de homínidos como el Gigantopithecus blacki, el Homo erectus y Homo neanderthalensis(13). En el caso de Honduras se habla del sisimite, como una variante de esa tradición oral mundial.


Finalmente, Germer y Cálix reconocen que el origen de la leyenda posiblemente se extienda hasta los orígenes de la presencia humana en el país. En Honduras se estima que el hallazgo de presencia humana más antiguo es de unos 11,000 años AC, encontrado en la Cueva del Gigante de Marcala, La Paz.


En esa zona, el perezoso gigante (Megatherium) se encontraba viviendo aun en el territorio, es decir que tuvo la oportunidad de coexistir con el humano moderno. El hombre al verle o quizás más plausible, encontrar osamentas o fósiles y recordando la cosmovisión de sus ancestros lo convirtió en “sisimite”, y luego pasó el relato a los pueblos mesoamericanos.


Cueva del gigante

El sisimite es una criatura mítica, su existencia como especie animal particular es imposible, sin embargo, el mito presenta validez a través de la interpretación errónea de fenómenos naturales para perpetuarse en la tradición oral aun en el siglo XXI. Si bien es un mito, su validez como parte de las criaturas imposibles del país es de importancia para su conservación dentro del acervo cultural de la literatura oral de la nación hondureña.


Finalmente, a nivel oficial, existe una anécdota que puede servir como antecedente al reconocimiento de la supuesta hibridación o posible mezcla o descendencia entre seres humanos y seres antropoides similares al sisimite o al sipesipe.


Efectivamente, en el siglo XIX, en 1869 específicamente, el Diario Oficial “La Gaceta” reportó una noticia de la existencia de “un hombre que vivió con una mona”.



Texto de la Gaceta

El diario del gobierno reportó de manera sensacionalista la noticia insólita y curiosa. Los redactores añadían que por medio de cartas y referencias remitidas al periódico, se informaba que en la comunidad de Yocón, en el departamento de Olancho, las autoridades del lugar habían logrado rescatar a un hombre que había desaparecido desde hacía trece años y a quien encontraron en una cueva situada en la montaña, con cinco hijos del mismo hombre habidos con una gran mona.

Según La Gaceta, aparentemente el hombre era aficionado a la caza, y al internarse en las montañas detrás de unos venados, fue sorprendido por la gran mona, quien lo atrapó y lo arrastró hasta la cueva, en donde permaneció en completo secuestro, y aunque intentó algunas veces evadirse de su prisión, pero no lo consiguió porque la fiera siempre le daba alcance y le infligía severos castigos. Algunas personas que frecuentaban los montes comentaban que escuchaban los gritos del hombre, pero nadie se aventuraba a acercarse a la cueva porque también se escuchaban los gruñidos del extraño animal. Fue hasta que varios elementos de la autoridad tuvieron el valor suficiente que se pudo lograr la libertad del malogrado varón, no sin haberse llevado la gran sorpresa de su vida: encontrar al hombre con sus crías mitad hombre-mitad mono.


La Gaceta remataba el final de la noticia, agregando que


“Dícese que los hijos de tan repugnante unión, tienen la parte superior del cuerpo de semejanza humana, y la inferior de mono”.

Esta investigación tan detallada fue gracias al Historiador Jorge Amaya que nos ayudo compartiendo tan valiosa información de las leyendas Hondureñas.

 

Bibliografía dada por el Historiador Jorge Amaya

  1. Uno de los estudios más recientes que analiza estos seres sobrenaturales como el “sisimite” en los mitos de los pueblos indígenas de Honduras, concretamente entre los Lencas es: Herranz, Atanasio, Mitos, creencias, y medicina popular en un pueblo del área Lenca de Honduras, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, Colección Lámpara de Crítica y Cultura, 1ª edición, 2019, pp. 44-47.

  2. Thompson, Eric, Historia y religión de los Mayas… Op. Cit., p. 389.

  3. Véase: Wisdom, C., The Chorti Indians of Guatemala, Chicago, University of Chicago, 1940, p. 403

  4. Véase: Klein, Cecilia, “The Devil and the Skirt: An Iconographic Inquiry into the Hispanic Nature of the Tzitzimime”, en: Ancient Mesoamerica, Cambridge University Press, Vol. 11, N° 1, 2000, pp. 1-26.

  5. Chinchilla Mazariegos, Oswaldo, “La muerte de Moquíhuix. Los mitos cosmogónicos mesoamericanos y la historia azteca”, en: Revista Cultura Nahuatl, México DF, N° 42, 2011, pp. 77-108.

  6. Germer Sánchez, Luis Daniel y Cálix, Valeria, “Criptozoología e historia natural: una aproximación al mito del Sisimite”, en: Revista Scientia Hondurensis, Tegucigalpa, Vol. 1, N° 3, septiembre 2016, pp. 159-172.

  7. Chapman, Anne, Los hijos del copal y la candela… Op. Cit.

  8. Constenla Umaña, A., “Sisimique: Orígenes indígenas de un personaje del cuento popular costarricense”, en: Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica, San José de Costa Rica, XXI, N° 2, 1995, pp. 161-168.

  9. Aguilar Paz, Jesús, Tradiciones y leyendas de Honduras, Tegucigalpa, Museo del Hombre Hondureño, 2ª edición, 1989, p. 70.

  10. Chapman, Anne, Los hijos del copal y la candela… Op. Cit.,

  11. Germer Sánchez, Luis Daniel y Cálix, Valeria, “Criptozoología e historia natural”… Op. Cit., p. 164

  12. Ibíd., p. 164.

  13. Cfr. Sanborne, M., “An Investigation of the Duende and Sisimite of Belice: Hominoids or Mith?”, en: Criptozoology, N° 11, 1992, pp. 90-97.

  14. Véase: “Gaceta Oficial de Honduras”, Hibridación humana, Comayagua, Periódico Oficial de la República de Honduras, N° 14, 16 de julio, 1869. El artículo también fue reproducido en: Anónimo, “Hibridación humana”, en: Revista Anales del Archivo Nacional, Tegucigalpa, Fasc. N° 4, Año II, 1969, p. 29.

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