Una madre que vino del más allá

Lo que les vamos a relatar, sucedió en la ciudad de Comayagüela, la ciudad gemela de la capital de Honduras, Tegucigalpa, no en un pueblo remoto de nuestra amada geografía.




Al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), que ha sido vilmente saqueado por los políticos de turno, sean éstos del partido que fuere, el personal de salud trata de mantenerlo a flote, atendiendo con solicitud y esmero, a los pacientes que acuden diariamente a ese centro asistencial, en busca de atención y ayuda a sus problemas de salud.

Y fue aquí, precisamente, donde llegó una mujer aquejada de intensos dolores, producto de lo que se diagnosticó después, como un cáncer en estado metastasico.

La paciente, a la que llamaremos doña Francisca, de setenta y cinco años de edad, como es natural, fue atendida debidamente, se le hizo el ingreso correspondiente, se ubicó en el quinto piso de ese Hospital de Especialidades. Doña Francisca se interno ella misma y durante algún tiempo, no recibió visitas. Pero un día llegó una respetable anciana, que aparentaba mayor edad que la enferma y no obstante, llegaba sola y se conducía con mucha agilidad.

La anciana que visitaba a Doña Francisca llegaba diligentemente todos los días, a la hora señalada para ello, saludaba cortésmente a las personas que allí estuvieran y se instalaba cómodamente en una silla al lado de la paciente. Pero el personal de salud notaba algo raro, que no hubiese ninguna interacción, visita-paciente o viceversa, ni siquiera, que volviesen el rostro para verse, como si ninguna supiera que la otra estaba allí

. A la hora que la visita debía salir, la anciana se despedía de todos, menos de su paciente, para luego regresar al día siguiente, siempre a la hora de visita. Transcurrieron los días e igual pasaba, al grado que el personal se acostumbró a la visita de la viejecita y hasta habían llegado a tenerle cariño, por lo dulce de su semblante.

Un día, la señora, que ya era esperada por el personal, llegó como de costumbre, pero a la hora que la visita terminó, la anciana se despidió muy gentil, diciendo:


"Bueno, yo me despido, no volveré a venir por acá, porque debo ir a visitar a mis hijos que viven en Apacilagua".

El siguiente día la paciente falleció y después de hacer todos los trámites pertinentes, los restos mortales fueron entregados a su hijo que vino desde Apacilagua precisamente, zona sur de Honduras. Pasados algunos días y una licenciada en Enfermería que labora en este Hospital y que es oriunda de ese mismo municipio, tuvo una charla con un hombre, vecino de ese mismo lugar y que resultó ser el mejor amigo del hijo de la paciente que falleciera en el IHSS y, este dijo:

"Según la descripción que usted me hace, esa anciana que usted dice, era la madre de doña Francisca, pero ella falleció hace ocho años.

¿Será que esa anciana vino del más allá, para acompañar a su hija, en el difícil trance de la muerte? ¿Y usted qué opina, amable lector?


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